La higiene y la salud pública fueron en los siglos XIX y XX una auténtica revolución, lo que sin lugar a dudas ha permitido el espectacular aumento de nuestra esperanza de vida. La potabilización del agua, el control de las aguas residuales, el control sanitario de los alimentos, la higiene de los establecimientos públicos y los cambios en el aseo y cuidado personal han experimentado un gran avance en la prevención de las enfermedades infecciosas, que son la primera causa de muerte en el mundo, y sobre todo en los países menos desarrollados.
No hay que retroceder tanto en el tiempo para encontrarnos variaciones muy significativas en cuanto a la higiene y los cuidados personales. Simplemente con que preguntárais a personas que superen los cincuenta años, es decir, que nacieron hacia la mitad del siglo pasado, os podríais llevar alguna que otra sorpresa en cuanto a los cambios que se han experimentado.
A modo de ejemplo podemos señalar que en las casas que no estuvieran en las ciudades era muy poco frecuente encontrar una ducha o bañera, lo normal era lavarse en la fregadera o el pilón de la cocina. La cabeza se lavaba, en general, una vez por semana y los dientes antes de acostarse. Ésta era la rutina de las personas normales y que se consideraban por aquel entonces como “limpias”. También era usual tener una ropa para la semana y otra especial para los domingos y días de fiesta.
Ya la aparición del bidé supuso toda una innovación y en el tiempo de su adaptación a nuestro uso cotidiano dió lugar a inolvidables anécdotas, y para ilustrarlo voy a contar alguna. En los años ochenta yo colaboraba habitualmente con equipos ciclistas. Uno de los problemas más frecuentes en aquella época y un auténtico calvario para los ciclistas, eran los famosos “forúnculos”, que son la infección de los folículos pilosos por mala higiene, en este caso de la región del periné, es decir, la zona anal y alrededores. También eran frecuentes las fístulas y las fisuras anales infectadas. Estos problemas provocaban en los ciclistas el abandono de muchas carreras, incluso, en ocasiones, cuando se encontraban a punto de ganar una gran ronda. En esos años nos propusimos cambiar algunos hábitos higiénicos que pensábamos estaban en el origen de esos problemas. Así elaboramos un cuestionario con preguntas sobre el aseo personal de los deportistas. Una de esas preguntas se refería a la existencia o no en su casa del bidé y en caso de tenerlo para qué lo usaban. Las respuestas fueron de lo más pintorescas. La mayoría de los que tenían bidé en casa nos referían que ellos no lo usaban, que creían que lo usaban sus padres para lavarse los pies y algunos sospechaban que lo utilizaban su madre o sus hermanas. Ninguno de los ciclistas realizaba limpieza alguna de su región peri anal después de ir al servicio, ni tan siquiera si posteriormente iban a subirse a la bicicleta. La introducción de mejores materiales en la elaboración de los culotes, la limpieza y cambio diario de los mismos y los cuidados y aseo de los/las ciclistas han dado lugar a que hoy en día esta patología sea prácticamente inexistente.
Todavía en la actualidad hay muchas personas que no utilizan el bidé en su aseo habitual, e incluso en muchas casas se considera un utensilio que ocupa espacio y no sirve para nada y han comenzado a no instalarlo, por lo que parece que el famoso invento francés está cayendo en desuso.
Pero aún hoy son bastante frecuentes las uretritis y cistitis ocasionadas por bacterias propias de la región intestinal, como el Escherichia colli, por realizar una limpieza incorrecta de la región anal (sobre todo en mujeres, debido a la proximidad entre el ano y el orificio uretral), la infección ya comentada de fístulas y fisuras, así como los problemas de las hemorroides. Y también las infecciones por cándida y por bacterias en la región vaginal debido a factores como los hábitos dietéticos inadecuados, regímenes dietéticos de moda y la toma de antibióticos, que disminuyen la inmunidad. Además, cada vez más, nuestra actividad diaria se desarrolla en posición de sentados, cada vez es más habitual el uso de pantalones demasiado ajustados debido a las modas, lo que aumenta la necesidad de una correcta higiene en la región perineal para prevenir los problemas que hemos comentado y que no se solucionan con la ducha diaria, sino con una correcta higiene después de ir al servicio.
Claro está que tanta higiene tiene sus detractores. Los hay que opinan que eliminar a los microorganismos con agentes desinfectantes contribuye a una falta de respuesta inmunitaria y de desarrollo de nuestras defensas y que vivir en un entorno estéril es muy difícil, muy caro y muy insalubre, además de posiblemente contaminante. Estas críticas se refieren habitualmente a los productos industriales sintéticos con un extraordinario poder biocida, es decir, con una gran capacidad de eliminar los microorganismos patógenos o perjudiciales y también los simbióticos o los que nos ayudan a realizar funciones necesarias para nuestra vida, creando así un entorno en el que se favorecen todo tipo de reacciones y respuestas inadecuadas, como intolerancias, alergias, etc.
En IDOKI y siguiendo nuestra línea de productos naturales a base de principios activos cuidadosamente seleccionados y que contribuyen a la higiene y al cuidado corporal, respetando e incluso mejorando nuestro ecosistema natural, vamos a comercializar la próxima semana, en su línea ginecológica, un gel de higiene íntima femenina, para un uso cotidiano y con el objetivo de prevenir los diferentes problemas que hemos citado en este post, y una crema hidratante íntima para la región genital externa, de utilización preferente en la pre y post menopausia, pero recomendado a cualquier edad cuando sea necesario.
Cuando los dos productos ya estén listos para su comercialización ampliaré la información sobre ellos en el próximo post.